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El aleatico durante la vendimia, con los racimos en cajas
Photo © AIS Elba
Photo © AIS Elba

Los vinos del Archipiélago Toscano

Entre el mar y el cielo, los vinos heroicos de las islas

En el Archipiélago Toscano el vino forma parte del paisaje tanto como el mar y las rocas. Las viñas siguen los contornos escarpados de las islas, se asoman al mar y resisten el viento y el salitre. 
Una historia antigua, que comenzó ya en época etrusca y continuó a lo largo de los siglos, como demuestran los pecios romanos que hablan del comercio del vino hacia el continente.
Los Médicis y Lorena reforzaron la vocación, pero es sobre todo la relación entre el hombre y este territorio lo que ha definido la identidad de los vinos isleños: producciones a menudo limitadas, cepas adaptadas a condiciones extremas, expresiones auténticas de lugares únicos.

Índice
  • 1.
    Isla de Elba
  • 2.
    Isla del Giglio
  • 3.
    Capraia
  • 4.
    Gorgona

Isla de Elba

Imagen de un viñedo de Aleatico de Elba lleno de racimos maduros
Aleatico de Elba

Entre los grandes admiradores de los vinos de Elba hay personajes ilustres como Plinio el Viejo, Fernando I de Médicis y Napoleón Bonaparte, a quien, durante su exilio en Elba, le gustaba remarcar cómo el vino de la isla era fuente de fuerza y salud. 
En los últimos años, la viticultura de Elba ha experimentado un auténtico renacimiento con reconocimiento nacional y centrándose en cepas con identidad propia y producciones de calidad.

El vino más representativo de la isla es el Aleatico Passito dell’Elba DOCG, el primer DOCG (el nivel más alto de los vinos italianos) del Archipiélago Toscano. Obtenido a partir de uvas Aleatico dejadas secar al aire y cuidadosamente seleccionadas, da lugar a un vino de pasas de color rubí profundo y aromas intensos y afrutados, concebido para una degustación lenta y consciente.
Es un vino para el final de una comida, tradicionalmente maridado con quesos curados, miel amarga o postres secos, capaz de mostrar el carácter de Elba en cada sorbo. Sus orígenes se remontan a las épocas griega y romana, en las que la vid ya formaba parte del paisaje agrícola de la isla.

Junto a los vinos de pasas, Elba cuenta con una consolidada tradición de vinos rosados, elaborados principalmente con uvas Sangiovese. Frescos, secos y armoniosos, se producen tras una corta maceración a bajas temperaturas y están pensados para consumir jóvenes, mostrando una faceta más ligera y festiva de la producción de Elba.

Respecto a los blancos, el Procanico, variedad histórica del Trebbiano toscano, es una presencia constante en la isla. Reconocidos como Elba Procanico DOC, son vinos de color pajizo, aroma delicado y sabor seco, especialmente indicados para la cocina de mar.

En los últimos años, el Vermentino, producido como Elba Vermentino DOC, ha adquirido un papel cada vez más protagonista. Fresco y fragante, con matices que varían según las zonas de producción y las técnicas de vinificación.

Completa el panorama el Ansonica, antigua cepa muy extendida en las costas del Mediterráneo, que encuentra condiciones ideales en los suelos pobres y soleados de Elba. El resultado son vinos secos y armoniosos de marcado carácter mediterráneo, a veces vinificados con fermentación con hollejos según las prácticas tradicionales.

Por último, la combinación de Procanico, Ansonica y Vermentino da lugar al Elba Bianco DOC, una síntesis equilibrada y cotidiana de la viticultura isleña.

Isla del Giglio

Imagen de viñedos de Ansonaco de la Isla del Giglio
Viñedos de Ansonaco de la Isla del Giglio - Credit: Marta Mancini

Para describir el vino de la Isla del Giglio es inevitable empezar por el Ansonaco, la variedad de uva que más representa su identidad. 
Sus raíces son muy antiguas: se encuentran vestigios en época griega y romana, pero los etruscos cultivaban estas laderas mucho antes.
La viticultura aquí siempre ha sido una conquista: ganar terreno al matorral mediterráneo, modelar las laderas con muros de piedra seca de granito, enfrentarse al viento, al sol y a la roca.
Las viñas crecen bajas, aferradas a laderas escarpadas, suspendidas entre el azul del mar y el cielo. El terreno y el clima marino originan un vino de color amarillo pajizo, aromas intensos, sabor cálido y armonioso y acidez moderada.
Las uvas se prestan al secado natural al sol, extendidas sobre rocas de granito, para obtener un vino de pasas dulce de gran finura.
Producidos en cantidades limitadas, estos vinos hablan de una relación profunda y ardua entre el hombre y la isla, un patrimonio vinícola también apreciado a nivel internacional y que se descubre mejor visitando las bodegas del Giglio.

Capraia

Las uvas del Archipiélago Toscano
Las uvas del Archipiélago Toscano - Credit: Isola di Capraia

En Capraia el vino es el resultado de un sutil equilibrio, construido día tras día, entre la naturaleza, el clima y el trabajo del hombre. Lo aislado del lugar, el clima mediterráneo y la acción constante de las brisas marinas configuran un terreno inconfundible, que se traduce en vinos de marcado frescor y claras notas minerales.
En este escenario, la viticultura se convierte en una práctica equilibrada y consciente, hecha de pequeñas cifras y elecciones precisas, pensada para seguir –sin forzarlas– las características de la isla.
Entre las producciones más representativas se encuentra el vino rosso passito (tinto de pasas) de uva Aleatico, intenso y concentrado, que transmite el lado más profundo del carácter de la isla, flanqueado por una versión rosada más fresca e inmediata.
Junto a los tintos, no falta el blanco de uva Vermentino, a menudo protagonista en la mesa junto a platos de pescado.
Los vinos de Capraia cuentan la historia de una isla esencial y luminosa, donde el mar, el viento y la tierra se encuentran, sin filtros, en cada copa.

Gorgona

Un viñedo en la isla de Gorgona
Un viñedo en la isla de Gorgona - Credit: Shutterstock.com / Stefano Cellai

La más pequeña del Archipiélago Toscano, Gorgona, es una isla escarpada y silenciosa, predominantemente montañosa, marcada a lo largo de los siglos por la presencia de eremitas, monjes y antiguas incursiones. 
Desde 1869, alberga una colonia penal al aire libre, única en Europa, donde los reclusos pasan la última parte de su condena trabajando en estrecho contacto con la naturaleza y adquiriendo habilidades útiles para su reinserción en la sociedad.
En este contexto único nació el Proyecto Gorgona, puesto en marcha en 2012 gracias a la colaboración entre el Instituto Penitenciario de la isla y la familia Frescobaldi
Agrónomos y enólogos acompañan a los internos en un curso de formación sobre viticultura y producción de vino, convirtiendo el trabajo en el campo en una oportunidad de crecimiento profesional y personal.
El proyecto toma forma en torno a un pequeño viñedo con vistas al mar, situado en un anfiteatro natural que domina la isla. Las uvas, cultivadas y vinificadas directamente en Gorgona, dan lugar al Gorgona Rosso, tinto elaborado a partir de Sangiovese y Vermentino Nero, envejecido en tinajas de terracota.
Un vino que es expresión de la isla, del trabajo del hombre y de un proyecto que aúna agricultura, responsabilidad social y territorio, convirtiéndose en símbolo de redención, confianza y futuro.

Estas islas cuentan historias diferentes, pero comparten un mismo rasgo esencial: una viticultura que busca la identidad y encuentra en los límites una forma de valor.
Probar estos vinos significa acercarse a territorios auténticos, donde el gesto se convierte en relato y la copa transmite, sin mediaciones, el verdadero carácter de sus tierras.

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