La Associazione Nazionale Case della Memoria se cuida de un conjunto de residencias (actualmente casas-museo) donde vivieron personajes ilustres de todos los campos del saber, el arte, la literatura, la ciencia y la historia.
El territorio florentino alberga un gran número de estos lugares, por ello aquí nos limitamos a enumerar solo algunos que pueden visitarse y se encuentran fuera de la ciudad de Florencia.
Estas casas se conservan casi siempre en su totalidad; la mayoría están gestionadas por fundaciones y, por consiguiente, se confían al cuidado de estudiosos y expertos del personaje y del arte relacionados con este.
Su encanto procede de las atmósferas, que aún se respiran; de las historias, que aún se pueden leer; de las huellas de un gusto personal claramente identificable.
Para nosotros, los visitantes, es un encuentro con la memoria viva del lugar: nuestra emoción de hoy es la misma que sintieron quien vivió, trabajó y creó en esa casa.
Los personajes que vamos a "visitar" en sus casas en este breve viaje son: Enrico Caruso (tenor), Primo Conti (pintor), Giovanni Michelucci (arquitecto), Gesualda Malenchini Pozzolini (educadora), Filippo Dobrilla (escultor).
Antes de ser elegido por el tenor napolitano Enrico Caruso, este lugar ya tenía un gran encanto, enclavado en las colinas, por encima de Lastra a Signa.
La villa había pertenecido a la familia Pucci a mediados del siglo XVI. Quedan huellas de aquella época en el jardín italiano; en 1906, Enrico Caruso y Ada Giachetti, su amada, llegaron al lugar y se enamoraron de él.
El aspecto actual se debe al propio Caruso, con los dos edificios unidos en una simetría inédita. En una de las dos alas se encuentra, a instancias del Ayuntamiento de Lastra a Signa, el Museo Caruso.
Aunque el tenor dedicó mucho tiempo y dinero a amueblar y embellecer la villa, no quedan muchos vestigios de ello. Sin embargo, el Museo describe en buena medida su vida profesional y privada y el estilo de una época. La museografía también es sonora, con puntos donde la voz de Caruso resuena fascinantemente.
Nacido en 1900, el pintor florentino Primo Conti fue un talento precoz.
Con obras entre el futurismo y la vanguardia, Primo Conti adquirió en 1945 Villa le Coste, del siglo XV, en Fiesole, y vivió allí durante muchos años con su esposa Munda Crips y dos hijas.
A su muerte, en 1988, fue enterrado en la pequeña capilla contigua a la casa, que por voluntad suya se convirtió en un centro dedicado a preservar "la memoria y los testimonios de los movimientos más importantes del Novecento".
Así pues, Villa Le Coste tiene una doble función: por un lado, el Museo Primo Conti, que alberga 66 pinturas y 163 dibujos del artista florentino, amigo de Rosai, Lega, De Chirico y de todo el grupo futurista florentino, del que fue uno de los fundadores. Por otro, igualmente importante, está la Fundación con su Archivo y Biblioteca, una vasta colección de documentos que incluye cartas, revistas y volúmenes.
Inundada de luz: este es el elemento que más llama la atención al visitar Villa Il Roseto en Fiesole, la casa donde Giovanni Michelucci pasó de los muchos años de su larguísima vida.
La ubicación de este edificio es extraordinaria: una terraza que sobresale sobre Florencia, rodeada de un jardín que la esposa del arquitecto, Eloisa, cuidaba con esmero. El jardín permitía una vista total de Florencia, la ciudad donde Giovanni Michelucci llevó a cabo numerosas intervenciones significativas.
Pero también los interiores de la villa, sobrios en sí mismos, contienen obras del ingenio del arquitecto: muebles, librerías, altillos creados especialmente para la villa, todos ellos testimonios de una vida cotidiana impregnada de belleza.
Hoy, la Fundación, en los espacios de Villa Il Roseto conserva el legado intelectual de Michelucci: los dibujos, maquetas y fotos de su arquitectura; la biblioteca; el mobiliario diseñado desde principios de la posguerra hasta los setenta; obras y objetos de arte realizados por sus amigos y esposa.
En la localidad de Bivigliano, del municipio de Vaglia, la villa se integra perfectamente en el paisaje circundante. El edificio toma su nombre de su último propietario, Luigi Pozzolini, que lo compró en 1859 en una subasta de las propiedades Ginori; data del siglo XVI, posiblemente sobre proyecto de Bernardo Buontalenti, que se encontraba trabajando en la cercana villa de Pratolino.
Tras los daños sufridos en la Segunda Guerra Mundial, la propiedad se redujo a sus 35 hectáreas actuales: el jardín formal es elegante y cuenta con un mirador sobre el valle.
La experiencia de la escuela rural establecida en estos espacios por las mujeres de la familia es el elemento extra de esta historia: Gesualda Malenchini Pozzolini, esposa de Luigi, con Cesira y Antonietta (sus hijas) crearon hacia 1868 el primer centro de enseñanza pública gratuita abierta a niños y adultos de ambos sexos en el municipio de Vaglia.
En Bivigliano, en el edificio que fue una sede de la escuela y ahora es la sede de un club, hay una lápida conmemorativa de los excelentes servicios que Gesualda aportó a la comunidad.
La villa se utiliza actualmente como sede de eventos y bodas.
La casa museo di Filippo Dobrilla e delle arti es un lugar donde el arte y la vida cotidiana están profundamente entrelazados.
En pleno campo, por encima de Pontassieve, el Podere Brucoli es la finca donde vivió y trabajó el escultor Filippo Dobrilla (1968 - 2019), dejando que el tiempo, el gesto y la materia dialogaran naturalmente entre sí. Las habitaciones conservan una auténtica atmósfera de vivienda habitada, capaz de transmitir la presencia viva del artista a través de los espacios, utensilios y obras que la componen.
Filippo Dobrilla esculpió el mármol con respeto y dedicación, siguiendo la voz de la piedra y aceptando su resistencia como parte del proceso creativo. Su obra nace de una relación directa y física con la materia, hecha de lentitud, escucha y conocimiento profundo. Cada escultura lleva la marca de un largo tiempo compartido en el que la forma fue surgiendo poco a poco. Además, Filippo Dobrilla cultivaba los campos y cuidaba plantas: para él, labores complementarias a su trabajo de escultor.
Visitar la casa museo, todavía habitada por sus familiares, significa entrar en un lugar de memoria y presencia, donde aún se percibe el fuerte vínculo entre hombre, materia y naturaleza, y donde se invita al visitante a bajar el ritmo, observar y escuchar.