Hay plantas que aportan carácter al paisaje y reflejan su identidad. Basta con dar un paseo por el campo, partiendo de las colinas que rodean Florencia, y al ir alejándose, aparecen: son los olivos. Dispuestos de forma ordenada, con unas bonitas hojas plateadas, en otoño están cargados de frutos.
Entre finales de octubre y principios de noviembre, las olivas están listas para su recolecta y llevarlas a las almazaras, donde se extrae su preciado jugo, el aceite de oliva virgen extra. Sin el aceite no existiría la cultura mediterránea y en el Área de Florencia esto se sabe muy bien. Con cuatro variedades de aceituna —que encuentran en Toscana su hábitat ideal y presentan diferentes matices: leccino, moraiolo, frantoio y pendolino—, el aceite es un elemento fundamental de nuestra tradición culinaria.
El aceite nuevo del Área de Florencia destaca por su color verde brillante (que con el paso del tiempo se vuelve amarillo), su aroma intenso y fresco y su sabor ligeramente amargo y picante, típico de su juventud.
La mejor forma de apreciar sus características es en crudo, sobre una rebanada de pan toscano, a ser posible tostado al fuego. En la mesa, el aceite crudo nunca falta como toque final en los crostini (tostas) y verduras o alubias, en sopas como la ribollita (con pan duro y verduras) o la pappa al pomodoro (con pan y tomate), como aderezo para verduras crudas o cocidas y legumbres, además de ser la base de muchas sabrosas conservas, como alcachofas, calabacines y berenjenas. El aceite es también un elemento característico de nuestra schiacciata, focaccia plana y crujiente, ideal para acompañar loncheados y quesos.
Tener olivos y poder producir tu propio aceite es un privilegio. Ya a finales de verano la gente habla de cómo va a ser la cosecha: que si las olivas van a ser buenas o estarán dañadas por la mosca, o que si serán más o menos carnosas. La recogida es un momento de celebración que reúne a las familias y en la que todos participan, dispuestos a echar una mano y a recibir a cambio alguna botella de lo que, no por casualidad, se conoce como oro verde.
La recolección de la aceituna es un trabajo agotador: se pasan horas al aire libre, a menudo con las primeras heladas, y hay que hacerlo deprisa. Y es que las almazaras tienen una apretada lista de reservas con horarios precisos y trabajan día y noche.
Casi todos los municipios de los alrededores de Florencia producen aceite de oliva virgen extra. En la zona se encuentran, entre otros, tres biodistritos, con explotaciones comprometidas con la agricultura ecológica: son los biodistritos de Calenzano, Fiesole y del territorio florentino (municipios de Florencia, Scandicci, Lastra a Signa y Signa).
Algunas casas rurales ofrecen a sus huéspedes la oportunidad de participar en la recolección de aceitunas; y si no puedes pero estás aquí en esta época, una buena alternativa son las fiestas del aceite, pues en el Área de Florencia se organizan muchas en fechas fijas. Una oportunidad única para degustar el aceite nuevo, comprarlo y llevarse a casa un pedacito de tierra florentina.
Desde hace años, el aceite de Reggello se degusta con festejos un fin de semana a finales de octubre, en el evento denominado ReOlio. Calenzano también cuenta con una larga tradición gracias a la importante Mostra mercato dell'Olio Extravergine di Oliva, que dura todo un fin de semana. Los municipios de la Valdisieve dan a probar su aceite con Si.Evo, evento de tres días en Pontassieve, Pelago y Rufina.
También es una tradición la feria de Bagno a Ripoli, conocida como PrimOlio, que se celebra a mediados de noviembre.
Florencia también tiene su evento dedicado al aceite, protagonista junto con otros productos y sabores del territorio: Gusto Toscano, organizado por Artex en el Conventino.