La mejor forma de descubrir el elegante casco antiguo es recorrerlo a pie, entrando por la Porta al Prato, en la parte baja de la ciudad, para seguir el recorrido que conduce hasta la cima de la colina, donde se encuentra Piazza Grande, el epicentro de numerosos eventos culturales de alcance internacional. Vivirás una sucesión de imponentes palacios renacentistas, talleres artesanales e iglesias con fachadas espléndidas e interiores aún más bellos e interesantes.
Tampoco te pierdas la bonita torre y la fachada de estilo gótico del Palazzo Comunale, sede del Ayuntamiento. Frente a este se encuentra el Duomo de Montepulciano, catedral proyectada por Ippolito Scalza a finales del siglo XVI, con planta de cruz latina dividida en tres naves. En su interior conserva importantes obras de arte de maestros de la talla de Taddeo di Bartolo, Michelozzo di Bartolomeo y Andrea Della Robbia.
En el centro del pueblo, merece la pena visitar la Chiesa di Sant'Agostino, iglesia del siglo XIII cuya fachada de travertino fue realizada en parte por Michelozzo di Bartolomeo a principios del siglo XV, quien, al combinar elementos góticos y renacentistas, logró crear una armonía entre la verticalidad y la secuencia horizontal de la estructura.
Justo debajo de la muralla se puede admirar el tempio della Madonna di San Biagio, obra renacentista de Antonio da Sangallo el Viejo. La iglesia, construida en travertino, se alza en medio de una amplia pradera llana que resalta su majestuosidad. La Madonna di San Biagio, con su planta de cruz griega, la cúpula central y el ábside semicircular, está flanqueada por dos campanarios y se considera un ejemplo magistral de arquitectura renacentista, tanto es así que Miguel Ángel se inspiró en ella cuando esbozó lo que serían sus proyectos para la construcción de la basílica de San Pedro en Roma.