En la Via Taddea, en la fachada del número 21, hay una placa conmemorativa de la casa natal de Carlo Lorenzini. Sus padres, ambos de origen humilde, se conocieron trabajando para la familia del marqués Leopoldo Carlo Ginori, que supuso un apoyo importante para el joven Carlo y también su hermano Paolo, durante mucho tiempo director de la fábrica Manifattura di Doccia, núcleo de producción cerámica.
Ginori se hizo cargo de la educación de Carlo, quien asistió al Liceo Classico Galileo, en la Via Martelli, donde otra placa lo recuerda. El Palazzo Ginori, edificio de la Via Rondinelli, es otro de los lugares donde vivió el escritor, y es donde, en las escaleras de su casa, falleció repentinamente, quizá a causa de un aneurisma; su lugar de enterramiento es en cambio el Cimitero delle Porte Sante, el gran cementerio a los pies de San Miniato al Monte con vistas a la ciudad.
Durante su vida, desempeñó un papel importante Castello, a los pies de las colinas entre Florencia y Sesto Fiorentino, donde la familia Médicis poseyó villas y su hermano Paolo la Villa Il Bel Riposo. Una especie de lugar de retiro, rodeado de naturaleza en un hermoso paisaje. El marqués Ginori y la fábrica Manifattura di Doccia, a las afueras de Sesto Fiorentino, fueron cruciales en la vida de la familia Lorenzini.
Lo que sigue son los puntos del recorrido –una aproximación a la realidad– a lo largo de los cuales se desarrolló la creación artística a partir de la cual tomó forma la historia de Pinocho y sus extravagantes aventuras.
Concretamente, las callejuelas de Castello fueron el escenario de la vida de Pinocho, gracias a los talleres artesanos (el de Geppetto, el de Maestro Cereza) y a la existencia real de una sirvienta muy joven, poco más que una niña, rubia y de ojos azules, que vivía en la villa Il Bel Riposo: el prototipo del hada, que en el libro es llamada la hermosa niña de cabellos turquesa.
Y sin olvidar que, hallándonos entre Florencia y Sesto Fiorentino, esta última ciudad, con sus fiestas de finales de agosto –un acontecimiento festivo, lleno de colorido y popular– sirvió probablemente de modelo, de fuente de inspiración del País de los Juguetes.
En una génesis de los lugares de Pinocho, imaginados por la fantasía de Carlo Lorenzini, la parte más curiosa e inesperada es el "mar" de Peretola. Antiguo pueblo rural, hoy suburbio de la ciudad conocido por el aeropuerto, Peretola es un lugar ligado a la presencia de antiguas familias, como los Vespucci (sí, los de Américo, el navegante).
Esta zona, a la que se le denomina llanura, todavía en el siglo XIX era pantanosa, caracterizada por la presencia de importantes extensiones de agua. De la naturaleza pantanosa de esta llanura quedan pocos rastros, si bien significativos, como el lago de Peretola o las Lagunas de Focognano (Oasis WWF), ya que la expansión urbana ha ido transformando todo el territorio. Se cree, sin embargo, que las referencias al mar, tan numerosas en el libro de Pinocho, podrían aludir precisamente a este "mar/lago" de Peretola, por el que navegaban embarcaciones de poco calado, típicas de los pantanos. Un "mar", una extensión de agua, que podía verse claramente desde la colina de Castello.
Hemos llegado a la conclusión de este fantástico viaje por los lugares vividos por Carlo Lorenzini y reelaborados en el colorido mundo de Pinocho, la marioneta a la que le crece la nariz cada vez que dice una mentira, que siempre se mete en líos pero cuyas aventuras y desventuras llenas de significado y profundidad narrativa van mucho más allá de un cuento infantil. Las Aventuras de Pinocho ha sido objeto de decenas de adaptaciones teatrales y cinematográficas, incluida una de Walt Disney, y ha fascinado a numerosos cineastas, como Comencini, Benigni, Guillermo Del Toro, Garrone.
Agradecemos a los autores del libro La guida ai luoghi di Pinocchio, Maurizio Bruschi y Anna Soldani (Florence Art Edizioni) por sus sugerencias para este itinerario.