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San Casciano dei Bagni
Photo © Ambito Valdichiana Senese
Photo © Ambito Valdichiana Senese

10 pueblos que no puedes perderte en Toscana

Ideas para descubrir pequeñas localidades llenas de encanto

Los pueblos de las colinas de Toscana son lugares donde el tiempo se ha detenido comedidamente. 
Murallas que siguen el trazado de las colinas, calles recogidas, plazas y palacios que conservan la memoria de la vida cotidiana. 
Son centros que surgieron en la Edad Media y han crecido a lo largo de los siglos sin romper sus vínculos con el entorno.

Esta ruta pasa por diez de los pueblos de montaña más encantadores de la región, galardonados con la Bandiera Arancione (Bandera Naranja) del Touring Club Italiano y elegidos para mostrarnos una Toscana hecha de pequeños pueblos, paisajes abiertos y patrimonios históricos conservados. 
Lugares diferentes entre sí, pero unidos por una identidad reconocible que los hace únicos.

Índice
  • 1.
    Anghiari
  • 2.
    San Casciano dei Bagni
  • 3.
    Santa Fiora
  • 4.
    Montepulciano
  • 5.
    Barga
  • 6.
    Peccioli
  • 7.
    Pienza
  • 8.
    Pitigliano
  • 9.
    San Gimignano
  • 10.
    Poppi
1.

Anghiari

Vista del pueblo de Anghiari
Anghiari, una vista del pueblo - Credit: AdobeStock - ttinu

Anghiari es un evocador centro medieval en plena Valtiberina toscana, a poca distancia de Arezzo. 
Catalogado como uno de los Borghi più belli (Pueblos más bonitos) de Italia, conserva un trazado urbano prácticamente intacto, marcado por la empinada y característica ruga central (la calle principal).
El pueblo se revela a través de arcos y muros de piedra, entre edificios históricos y vistas de la campiña en lo bajo. 
En la llanura, a los pies del centro habitado, el 29 de junio de 1440 se libró la famosa Batalla de Anghiari, con la victoria de las tropas florentinas sobre las milanesas. Acontecimiento que plasmó el famoso fresco de la Batalla de Anghiari de Leonardo da Vinci, hoy perdido pero aún profundamente arraigado a la memoria del lugar.

1.

San Casciano dei Bagni

Vista superior del hallazgo arqueológico del Santuario Ritrovato
Vista desde lo alto del Santuario Ritrovato, a las puertas del pueblo - Credit: Ministero della Cultura

Enclavado entre las colinas de la Val d'Orcia y la Val di Chiana, San Casciano dei Bagni es uno de los pueblos balneario más encantadores de Toscana, famoso desde la antigüedad por sus numerosos manantiales de aguas sulfurosas. 
Ya los etruscos intuyeron su valor, amplificado más tarde por los romanos, como atestiguan los restos arqueológicos, recuperados mediante una extraordinaria excavación arqueológica en la que salió a la luz el mayor tesoro intacto de la época etrusco-romana.
En los siglos siguientes, las termas siguieron atrayendo a visitantes de toda Europa, contribuyendo a conformar la identidad del pueblo: paseando por el centro histórico se observan fachadas ornamentadas, palacios nobiliarios y edificios religiosos de cierto calibre como la Insigne Collegiata di San Leonardo y la evocadora Chiesa di San Michele Arcangelo. 

1.

Santa Fiora

Santa Fiora vista desde arriba
Santa Fiora - Credit: Claudia D'Aliasi

Encaramado a una gran roca de traquita en las laderas del Monte Amiata, Santa Fiora es un pueblo profundamente vinculado con el agua, protagonista silencioso de su historia y su paisaje.
Situado en una posición estratégica sobre el nacimiento del río Fiora, la localidad siguió una trayectoria diferente a centros vecinos: fue uno de los principales dominios de los Aldobrandeschi, resistió mucho tiempo a los sieneses y luego pasó a la familia Sforza en el siglo XV, hasta entrar en la órbita florentina en el XVII. 
Hoy en día Santa Fiora es uno de los destinos más fascinantes que descubrir, considerado uno de los Borghi più belli (Pueblos Más bonitos) de Italia, gracias a su centro histórico dividido en tres barrios –Castello, Borgo y Montecatino– donde palacios, iglesias y antiguas murallas conviven con una naturaleza exuberante. 
Desde la Peschiera, evocadora lámina de agua procedente del manantial de la Fiora, hasta la chiesa de la Madonna della Neve, iglesia construida sobre la vena del manantial, el agua sigue emergiendo como elemento identitario.

1.

Montepulciano

Montepulciano visto desde arriba
Montepulciano - Credit: VVC

Montepulciano, en la Val di Chiana Senese, se alza en una posición que domina uno de los paisajes más reconocibles de Toscana. 
Pueblo de origen etrusco y con un trazado medieval, Montepulciano vivió su máximo florecimiento durante el Renacimiento, dejando tras de sí un elegante centro histórico de palacios monumentales, iglesias y armoniosos rincones. A su alrededor se extiende una campiña diseñada por hileras de viñas, relieves ondulantes y campos cultivados.
El nombre de Montepulciano está indisolublemente ligado al Vino Nobile, producto que simboliza uno de los territorios vinícolas mejores del mundo. 
Ineludible la visita a las bodegas monumentales, fascinantes espacios subterráneos en pleno centro histórico. 
Montepulciano, junto con toda la Valdichiana Senese, fue Capital toscana de la Cultura en 2024.

1.

Barga

El centro histórico de Barga
Barga - Credit: Allie_Caulfield

Asentado sobre el escultural perfil de los Alpes Apuanos, Barga es un pueblo medieval que aúna paisajes de montaña, historia y cultura. 
Catalogado como uno de los Borghi più belli (Pueblos más bonitos) de Italia, conserva un centro histórico bien cuidado, encaramado en torno al espolón rocoso del Castillo y cercado por una muralla con tres puertas.
Callejuelas, caminos de carro y plazuelas: un trazado irregular que conduce hacia la catedral, el Duomo de San Cristoforo, punto culminante del pueblo, desde donde la vista alcanza los tejados del casco antiguo y, más allá, a los Alpes Apuanos. 

1.

Peccioli

Una vista de Peccioli
Peccioli - Credit: Peccioli.net

Peccioli domina las colinas de la Valdera y fue elegido Borgo dei Borghi (Pueblo de los Pueblos) en 2024 en un famoso programa de televisión que premia los lugares más fascinantes de Italia.
El centro histórico, de configuración medieval, se revela lentamente entre calles recogidas, vistas a un paisaje agrícola que habla de su vocación original, formado por colinas cultivadas, almazaras, fincas y bodegas.
Peccioli ha sabido combinar su identidad histórica con un itinerario original vinculado al arte contemporáneo, transformando el pueblo en un museo al aire libre esparcido: instalaciones e intervenciones artísticas acompañan la visita sin distorsionar el contexto, dialogando con el paisaje, las memorias arqueológicas y la vida cotidiana. 

1.

Pienza

Pienza y unas vistas increíbles de la Val d'Orcia
Pienza - Credit: Serena Puosi

Pienza se fundó en el corazón de la Val d'Orcia a partir de una idea unificadora de la belleza.
Papa Pío II, nacido aquí como Enea Silvio Piccolomini en 1405, quiso transformar la antigua aldea de Corsignano en una nueva ciudad, confiando el proyecto a Bernardo Rossellino y al pensamiento humanista de Leon Battista Alberti. En pocos años, entre 1459 y 1462, tomó forma un centro renacentista armonioso y mesurado, concebido como modelo ideal de ciudad, "nacida de un sueño de belleza", como escribió Giovanni Pascoli.
Enclavada entre las colinas de la Val d'Orcia, Pienza conserva intacto este diseño urbano, que se aprecia al pasear por sus plazas y palacios, con vistas que se abren al campo. 
Desde 1996, el pueblo, junto con todo el paisaje de la Val d'Orcia, está reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO.

1.

Pitigliano

Vista panorámica de Pitigliano
Pitigliano - Credit: Michela Simoncini

Pitigliano es uno de los pueblos más pintorescos de la Maremma, conocido como la Pequeña Jerusalén.
Encaramado en un peñasco de toba a 313 m de altitud, domina verdes valles surcados por los ríos Lente y Meleta. Las casas, construidas directamente sobre la roca y verticalmente a lo largo del acantilado, diseñan una forma urbana compacta y espectacular que hace inconfundible a este pueblo.
Su historia arraiga en asentamientos prehistóricos, seguidos de evidentes huellas etruscas, y después la época romana, en la que se creó el nombre Pitigliano, según la tradición vinculado a Petilio y Celiano. 
Pitigliano figura entre los Borghi più belli (Pueblos más bonitos) de Italia.

1.

San Gimignano

Vista panorámica de San Gimignano
San Gimignano - Credit: Antonio Cinotti

San Gimignano es uno de los pueblos más emblemáticos de Toscana, inmediatamente reconocible por la silueta de sus torres medievales en el horizonte. Atravesado por la Vía Francígena, en la Edad Media fue un importante centro de paso y comercio y fue entonces cuando adquirió el aspecto que lo ha hecho mundialmente famoso. No por casualidad es conocido como el Manhattan de la Edad Media, por el excepcional número de torres que antaño dominaban el pueblo.
Situado entre las colinas de la Val d’Elsa, San Gimignano conserva un centro histórico con una extraordinaria cohesión, que transmite la imagen de un pueblo suspendido en el tiempo. Desde 1990 es Patrimonio Mundial de la UNESCO, título que protege su singularidad y valor histórico. Pasear por sus plazas y calles significa sumergirse en el arte y arquitectura medieval y en el paisaje más típico de Toscana.

1.

Poppi

Poppi, inmerso en la naturaleza
Poppi - Credit: Mattia Marasco

Catalogado como uno de los Borghi più belli (Pueblos más bonitos) de Italia, Poppi es representativo del Casentino, territorio donde se entrelazan historia, arte y naturaleza. La historia del pueblo está ligada a la poderosa familia Conti Guidi, que estableció aquí uno de sus principales dominios y dejó su duradera huella en todo el valle.
El Castello dei Conti Guidi, símbolo de Poppi y del Casentino, domina el centro habitado. Su mole destaca por encima del pueblo y otea la llanura de Campaldino, escenario de la famosa batalla de 1289 entre güelfos y gibelinos. 
Construido a partir del siglo XIII, el castillo posee un patio interior con escaleras monumentales y escudos heráldicos, una capilla con frescos de Taddeo Gaddi y una biblioteca histórica de gran valor.
Poppi es también una puerta privilegiada a la naturaleza: está situado en los bordes del Parque Nacional de los Bosques del Casentino, Monte Falterona y Campigna, uno de los complejos forestales más extensos e intactos de Europa. Aquí comienzan itinerarios que conducen por senderos silenciosos a lugares emblemáticos como el Eremo (ermita) de Camaldoli y el Santuario della Verna, inmersos en hayedos centenarios y paisajes de gran valor espiritual y ambiental. 

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