Ve al contenido principal
Plaza dei Miracoli, Baptisterio, Pisa
Ideas

Destinos ineludibles para quienes visitan Toscana por primera vez

Ideas y consejos para un viaje inolvidable

Un encuentro con imágenes que parecen ya familiares y detalles capaces de sorprender: Toscana se revela así, con una armonía espontánea en lugares icónicos y momentos para vivir sin prisas.
El viaje toma forma en etapas que narran la historia y lo que va sucediendo durante el trayecto: un camino de tierra que invita a bajar el ritmo, una plaza silenciosa, un panorama que te hace cambiar de dirección sin previo aviso.
Entre un sinfín de posibilidades, las siguientes sugerencias dan una primera idea para conocer la zona y dejarse guiar por su belleza, paso a paso.

Índice
  • 1.
    Florencia
  • 2.
    Pisa
  • 3.
    Siena
  • 4.
    San Gimignano
  • 5.
    Lucca
  • 6.
    Arezzo
  • 7.
    Volterra
  • 8.
    Val d’Orcia
  • 9.
    Chianti
  • 10.
    Costa Etrusca

Florencia

Vista panorámica de la Catedral de Florencia
El Duomo (la catedral) de Florencia - Credit: Inserire Autore

Magnética y mágica, Florencia es uno de esos lugares donde la belleza no se concentra en unos pocos monumentos, sino que se extiende por todas partes. 
Cuna del Renacimiento, y también ciudad donde vale la pena dejarse llevar por sus plazas, palacios, tiendas artesanas y las vistas del Arno.
Piazza della Signoria, el Duomo, la Cupola, Ponte Vecchio y Palazzo Pitti son sólo algunos de sus símbolos más conocidos; también hay barrios animados, mercados históricos, artesanía y tradiciones culinarias que muestran una ciudad que nunca está quieta, sino profundamente viva. 
Florencia se revela así: paseando, observando y escuchando, en un equilibrio natural entre arte y vida.
Por donde vayas se siente la huella de los Médicis, como una presencia esparcida. Su visión ha conformado la Florencia que conocemos hoy, y que aprecia este legado con naturalidad, como parte de su vida cotidiana.

Pisa

Plaza dei Miracoli con el Baptisterio en primer plano
Baptisterio de Pisa

Junto a Florencia, Pisa es uno de los destinos más conocidos, no solo por la Torre Pendente (Torre Inclinada) y la emblemática Piazza dei Miracoli, sino también por un entramado de lugares menos famosos que marcan su carácter.
Basta con alejarse unos pasos del gran complejo monumental para descubrir una ciudad hecha de plazas históricas, animadas callejuelas y elegantes miradores sobre el Arno.
En Piazza dei Cavalieri, Borgo Stretto y Piazza delle Vettovaglie resurge su pasado de antigua potencia marítima y centro cultural, mientras que los Lungarni (calles contiguas al río Arno) acompañan el paseo por palacios nobiliarios, museos como el Palazzo Blu y pequeñas iglesias góticas como Santa Maria della Spina, suspendida entre piedras y el agua.
Monumental y tranquila al mismo tiempo, Pisa aúna la fuerza de su historia con un ambiente animado y auténtico.

Siena

Puesta de sol sobre la catedral de Siena
Siena al atardecer - Credit: Antonio Cinotti

Siena es una ciudad marcada por el ritmo de sus callejuelas de piedra y sus repentinas aperturas paisajísticas. El centro histórico, notablemente fiel a su trazado medieval, es un compacto entrelazado de calles, contrade (barrios antiguos) y símbolos que remiten a siglos de historia civil, religiosa y artística.
Su corazón es Piazza del Campo, con su forma de concha única en el mundo, dominada por la Torre del Mangia y el Palazzo Pubblico: un espacio que es a la vez lugar de encuentro, escenario del Palio (torneo medieval) y reflejo del alma sienesa. Desde aquí la ciudad se expande en una sucesión de antiguos palacios, iglesias, museos y vistas inesperadas hasta el Duomo -catedral monumental de arte y luz- y espacios menos conocidos como Santa Maria della Scala, orti medievali (jardines medievales) y los Bottini subterráneos.
La ciudad, compacta e intensa, se descubre caminando, por barrios antiguos, jardines escondidos, museos y silencios repentinos.  

Un poco más allá de las murallas, el paisaje cambia de repente y se abre a las Crete Senesi: arcillas pálidas y colinas esculpidas por el viento, que amplifican la sensación de aislamiento y belleza y acompañan la salida de la ciudad hacia el campo.

San Gimignano

El perfil de San Gimignano
San Gimignano - Credit: Alessandro Malatesta

Con su inconfundible perfil emergiendo entre colinas, San Gimignano es uno de los lugares más emblemáticos de Toscana. Las torres de piedra, visibles desde lejos, dibujan un horizonte único que habla de la ambición y la riqueza de grandes familias medievales, cuando este pueblo era una parada estratégica de la Vía Francígena. No es casualidad que sea conocido como el Manhattan de la Edad Media.
Paseando por el centro histórico, uno se adentra en un escenario perfectamente conservado: Piazza del Duomo, la Collegiata di Santa Maria Assunta, el Palazzo Comunale, la cara cívica y política de la localidad. Si se sube a la Torre Grossa se contemplan tejados, campos e hileras de viñedos, unas de las vistas más icónicas de la región.

Lucca

la famosa plaza del Anfiteatro
Plaza del Anfiteatro - Credit: Modes Rodríguez

Encerrada por una muralla circular renacentista perfectamente conservada, Lucca es una ciudad silenciosa y comedida. Caminar por sus bastiones arbolados que abrazan el centro histórico es como entrar poco a poco en su ritmo, observando tejados, jardines escondidos y campanarios que emergen más allá de la muralla.
En su interior, la ciudad conserva un trazado compacto y armonioso, en el que conviven con naturalidad huellas romanas, medievales y renacentistas. 
La Piazza dell'Anfiteatro, construida sobre la antigua arena romana, conserva su forma elíptica y sigue siendo uno de los espacios más famosos y visitados. No muy lejos, la arquitectura religiosa transmite el carácter de Lucca, desde siempre ligada a lugares de culto: el Duomo di San Martino, catedral con fachada románica asimétrica, alberga obras maestras como la Santa Faz y la tumba de Ilaria del Carretto, mientras que San Michele in Foro y San Frediano revelan una riqueza decorativa que se expresa a través de la luz, el mármol y el silencio.
La mirada asciende entonces a las torres que salpican el tejido urbano. 
Entre calles empedradas, plazas tranquilas y calles como Via Fillungo, la ciudad invita a moverse sin prisas, dejando espacio al descubrimiento.

Arezzo

Vista del Palacio de los Priores en Arezzo
Palacio de los Priores

Abierta al paisaje, Arezzo está encaramada a una colina y se asoma a cuatro valles. Conserva un carácter sólido y auténtico, hecho de piedra, amplias perspectivas y una historia que aflora por donde se mire. 
Sus antiguos orígenes -etruscos primero, romanos después- aún pueden leerse en el diseño urbano y los restos del anfiteatro, profundas huellas dejadas a lo largo del tiempo.
El centro histórico se despliega en una sucesión de plazas, iglesias y palacios que cuentan siglos de autonomía, conflictos y resurgimientos. Piazza Grande, irregular y escénica, es uno de los lugares más emblemáticos: el Loggiato Vasariano define su perfil y amplifica la sensación de espacio. No muy lejos, la Basilica di San Francesco guarda el ciclo de la Leyenda de la Vera Cruz de Piero della Francesca, obra maestra que marca indeleblemente la identidad artística de la ciudad.
Entre la Pieve di Santa Maria (parroquia medieval), el Duomo (la Catedral), la Fortezza Medicea y los restos romanos, la ciudad se define a través de una sobria y continua presencia histórica.

Volterra

Vista panorámica de Volterra
Volterra - Credit: Alessandro Farese

Encaramada a una colina entre los valles del Era y del Cecina, Volterra conserva un carácter compacto y severo encerrado por una doble muralla, etrusca y medieval, que aún define su perfil. 
Es una ciudad de aspecto medieval, donde la atmósfera de pueblo antiguo acompaña cada paso por las calles del centro histórico.
El corazón artístico y religioso se sitúa en torno a Piazza San Giovanni, con la Cattedrale di Santa Maria Assunta y el Battistero, mientras que a poca distancia el Palazzo dei Priori -iniciado en 1208- domina la plaza con su austera presencia, siendo el palacio municipal más antiguo de Toscana. 
Junto a su historia, Volterra guarda desde hace siglos una tradición identitaria: el trabajo del alabastro, que la ha convertido en uno de los centros artesanales más importantes de Italia.
Un poco más allá de las murallas, la Acrópolis etrusca y el Teatro romano abren la vista a un paisaje esencial e intacto, continuación natural de la ciudad. Esta es la sensación que deja Volterra: entre piedras, silencio y artesanía, un ritmo acogedor que invita a detenerse.

Val d’Orcia

Vista desde arriba de colinas de la Val d'Orcia
Las colinas onduladas de la Val d'Orcia - Credit: Shutterstock / Canadastock

Colinas suaves, caminos de tierra que dibujan curvas perfectas, hileras de cipreses que parecen guiar la mirada: la Val d'Orcia, al sur de Siena, es uno de los paisajes más apreciados y armoniosos de Toscana.
Aquí la naturaleza no es el telón de fondo, sino que dicta el ritmo. 
El río Orcia fluye por un valle modelado por el tiempo, entre barrancos, campos cultivados, olivares y viñedos que conviven en un antiguo diseño. En los relieves, pueblos y fortalezas otean el territorio desde lo alto, mientras que al oeste el perfil del Monte Amiata cierra el horizonte con su imponente presencia.
Desde la rocca de Radicofani, fortaleza y atalaya privilegiada de todo el valle, la ruta desciende hacia Pienza, la ciudad ideal del Renacimiento, continúa por los cipreses de San Quirico d'Orcia, atraviesa Castiglione d'Orcia y llega a Montalcino, tierra de grandes vinos y panoramas que mutan con la luz.
Conecta todo ello la Vía Francígena, antiguo camino de los peregrinos medievales, hoy hilo conductor de un turismo lento y consciente, hecho de pasos, paradas y horizontes abiertos. Un territorio que hay que recorrer sin prisas, dejando que el paisaje -más que cualquier otra cosa- indique la dirección.

Chianti

Las colinas del Chianti
Las colinas del Chianti - Credit: Antonio Cinotti Segui

Colinas mesuradas, hileras de viñas que siguen los contornos del terreno, bosques de robles y cipreses que se alternan con parroquias medievales, castillos y pequeños pueblos: el Chianti se extiende entre Florencia y Siena como un paisaje armonioso, donde naturaleza e historia conviven desde hace siglos en un equilibrio inconfundible.
Este territorio es el resultado de un largo diálogo entre el hombre y la tierra. El vino es el hilo conductor del paisaje pero la zona también es conocida por su aceite de oliva virgen extra, los embutidos de Cinta Senese (raza autóctona de cerdo) y su cocina campesina. 
Las colinas que hoy albergan viñedos y olivares fueron el centro de la Liga del Chianti -instaurada en el siglo XIV por la República Florentina- y aún hoy cuentan una historia hecha de fronteras, identidad y símbolos, como el famoso gallo nero
Viajar por el Chianti significa seguir el ritmo de las carreteras que lo atraviesan. La Via Chiantigiana une Florencia con Siena, pasando por pueblos como Greve in Chianti, con su plaza porticada, Castellina, con su fortaleza sobre las colinas, Radda y Gaiole.
Alrededor de los pueblos de Montefioralle o Panzano surge entre los viñedos, con sus bodegas y talleres, una vida cotidiana ligada a la tierra.
Aquí, cada parada se entrelaza de forma natural con el viaje, y el trayecto de un pueblo a otro se convierte en una experiencia: una sucesión de colinas, viñedos y horizontes que mutan paso a paso.

Costa Etrusca

Un tramo de la Costa Etrusca visto desde arriba, cerca de Baratti
Un tramo de la Costa Etrusca cerca de Baratti - Credit: Jacopo

Un tramo de costa donde la naturaleza es intensa y el paisaje cambia constantemente. La Costa Etrusca es una sucesión de playas, pinares y matorral mediterráneo, con el mar acompañando la mirada y una historia muy antigua que resurge en todo el litoral. 
Aquí los etruscos fundaron Populonia, su única ciudad costera, con vistas al golfo de Baratti: un lugar donde necrópolis y restos arqueológicos aún dialogan con el paisaje.
La costa se recorre siguiendo la carretera Aurelia, entre acantilados y arenales, pinares umbríos y promontorios por encima del mar. Castiglioncello, San Vincenzo, Vada y Piombino narran diferentes almas de un mismo territorio, mientras que el interior revela pueblos como Suvereto, Sassetta, Montescudaio y Guardistallo, suspendidos entre colinas cultivadas y silencio.
El viaje pasa al lado del mar y más al interior, con paseos por la naturaleza, paradas en termas y restos arqueológicos. 
Una costa para vivirla, dejando que la luz, los aromas y los horizontes abiertos guíen la experiencia.

En los alrededores

Lugares que no debes perderte, itinerarios por etapas, eventos y consejos para tu viaje
Eventos • 4 resultados
Ideas • 72 resultados
Itinerarios • 36 resultados
Diarios de viaje • 6 resultados