En el corazón de Florencia, a unos pasos del Duomo, la Piazza della Santissima Annunziata es un lugar que sorprende: un espacio amplio y luminoso donde todo parece estar en equilibrio.
Aquí el Renacimiento no es sólo historia: es proporción, armonía, aliento.
Filippo Brunelleschi dio forma a la plaza, con su proyecto del Spedale degli Innocenti.
Sus elegantes arcadas, que siguen el ritmo regular de las columnas, decoradas con los famosos querubines de terracota vidriada, influyeron en todo el espacio.
El pórtico se retomó en los edificios de enfrente y en la fachada de la basílica, creando un conjunto escénico único, entre los más coherentes del Renacimiento.
Desde aquí, la mirada se dirige a la cúpula del Duomo, la catedral, en una perspectiva sorprendente: la plaza es uno de los pocos lugares de la ciudad donde la fascinación surge al improviso, entre la arquitectura renacentista.
Durante siglos, la plaza de la Santissima Annunziata fue destino de peregrinaciones y procesiones y, hasta 1750, también el lugar privilegiado donde se celebraba el Año Nuevo florentino, que coincidía con la fiesta de la Anunciación, el 25 de marzo.
Todavía hoy se celebra aquí la Rificolona, fiesta popular tradicional, en la noche del 7 de septiembre.
Algunos de los edificios renacentistas más importantes de la ciudad dan a la plaza.
La Basilica della Santissima Annunziata, principal santuario mariano de Florencia, alberga el famoso fresco de La Anunciación, objeto de devoción desde la Edad Media.
El conjunto arquitectónico incluye los claustros Chiostro dei Voti y Chiostro Grande, decorados con importantes ciclos pictóricos, y es uno de los lugares más significativos de la espiritualidad de la ciudad.
Junto a la basílica se encuentra el Museo Archeologico Nazionale de Florencia, uno de los más importantes de Italia, con colecciones sobre el arte egipcio, etrusco y grecorromano.
La plaza es famosa sobre todo por el Spedale degli Innocenti, el primer orfanato de Europa, fundado en el siglo XV y una de las obras maestras de Brunelleschi.
Hoy alberga el Museo degli Innocenti, donde se relatan siglos de ayuda a la infancia a través de recorridos sobre la historia, la arquitectura y el arte, con obras de Botticelli, Domenico Ghirlandaio, Piero di Cosimo y Luca della Robbia.
Bajo el pórtico hay una ventana de hierro, que sirvió como recepción de los niños desde 1660 hasta 1875.
En el lado opuesto se encuentra la Confraternita dei Servi di Maria, edificio construido en 1525 por Antonio Sangallo el Viejo y Baccio d'Agnolo a modo de imitación de la loggia de Brunelleschi.
En el extremo sur de la plaza se encuentra el Palazzo Budini Gattai, residencia señorial del siglo XVI construida bajo proyecto de Giuliano di Baccio d'Agnolo que continuó Bartolomeo Ammannati, quien también proyectó el jardín.
Este jardín italiano de alrededor del 1573 se amplió y transformó posteriormente en el periodo romántico.
Cuenta la leyenda que una ventana del palacio permanece siempre abierta porque desde allí una joven esposa aún espera el regreso de su marido de la guerra.
En el centro de la plaza se encuentra el monumento ecuestre a Fernando I de Médicis, obra de Giambologna que completó Pietro Tacca, autor de las dos fuentes con monstruos marinos.
En la base hay un símbolo del Gran Duque: una abeja reina rodeada de otras abejas, difíciles de contar por su disposición irregular y que con el tiempo se han convertido en objeto de curiosidades y leyendas.